Sevilla - Deportivo |
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Peña Ri@zor. (8-10-2007, 10'45)
SEVILLA 0 Palop; Alves, Boulahrouz (Poulsen, m.72), Escudé, Dragutinovic; Jesus Navas, Renato, Keita, Adriano (Kerzhakov, m.46); Koné (Diego Capel, m.46) y Kanouté. DEPORTIVO 1 Aouate; Manuel Pablo, Adrián, Coloccini, Filipe; Juan Rodríguez, Sergio, De Guzmán, Guardado (Barragán, m,89); Verdú (Pablo Alvarez. m.78) y Xisco (Rikki, m.72). Árbitro: César Muñíz Fernández (c.asturiano). Mostró tarjeta amarilla a Keita (m.42), Boulharouz (m.56), Adrian (m.57), De Guzmán (m.67), Escudé (m.70), Alves (m.87). Goles: 0-1, m.73. Riki En Nervión, dónde si no Xosé Manuel Mallo. La Opinion Coruña El Deportivo logra en el Sánchez Pizjuán su primera victoria a domicilio con un gol de Riki. Los futbolistas blanquiazules desarrollaron un perfecto trabajo defensivo que anuló al rival. El Dépor recupera su flor en el verde del que más frutos recogió a domicilio. Un gol de Riki al empujar una galopada a la contra de Guardado y un extraordinario sistema defensivo permitieron a los blanquiazules sumar sus tres primeros puntos a domicilio. El Pizjuán es el lugar más adecuado para inaugurar el casillero de victorias lejos de Riazor. Lo fue. El prepartido fue como una premonición. Los blanquiazules se abrazaron todos uno a uno, con beso en la mejilla incluido, tras el calentamiento. Y así unidos y en grupo permanecieron durante lo que duró el encuentro. Sólo había lugar para las individualidades cuando manejaban el balón y el juego se desarrollaba cerca de la portería del Sevilla. Del medio para atrás hubo un bloque sólido, compacto y entregado. Ésas fueron las claves, además de la confirmación de un joven coruñés al que se le llama Piscu y quiere ser conocido como Adrián López. Desde ayer, ya lo es. Se lo ganó ante una afición sevillista que siente un gran afecto por el Deportivo, derivado muy posiblemente de la simbiosis que existe entre los Biris y los Riazor Blues. Un sentimiento correspondido por los futbolistas blanquiazules. Por el deportivismo en general. Ayer, antes del partido todos los integrantes de la expe- dición coruñesa portaron un ramo de flores que su capitán Manuel Pablo colocó sobre el lugar en el que se derrumbó el fallecido Antonio Puerta. El pizjuán en pie agradeció el acto con una ovación ensordecedora. Todo lo contrario sucedió 16 minutos después. En ese instante de partido el estadio enmudeció durante sesenta segundos. Es el recuerdo perenne de la afición al desaparecido futbolista en el que fue su campo. El animado campo de Nervión estuvo a punto de enmudecer dos minutos antes de hacerlo por voluntad propia. Un remate de Verdú lo devolvió el poste derecho de la portería de Palop. Era el tercer disparo blanquiazul a la meta local. Puede faltar el gol, pero no será por intentarlo. Más y más claras fueron las oportunidades de los coruñeses, aunque el balón era del Sevilla. Los blanquiazules tiraron de verticalidad sin patadón, para aproximarse a la meta contraria. También de garra, pues el robo del balón a los defensores locales generaron alguna oportunidad más para los deportivistas. En una de ellas Xisco optó por la peor solución, regatear a los defensas en vez de continuar en dirección a portería o disparar. Son de esas oportunidades que no se pueden desaprovechar, porque suelen ser escasas en los partidos a domicilio, además tiene que ser consciente el joven mallorquín que su función es explotar al máximo cada balón que le llegue en condiciones para rematar. El Sevilla suele apropiarse del esférico en todos los partidos. Lo toca, lo soba y lo saca hacia las bandas. También suele buscar el centro, aprovechando la envergadura y calidad de Kanouté y Koné. La versatilidad de los sevillistas en ataque es increíble, por eso se hizo necesario que los blanquiazules juntaran todas las líneas en defensa y en torno a su área para evitar las llegadas de los locales. La pared, el regate, el pase picado son recursos muy utilizados por los jugadores de Juande Ramos. Sin espacios sólo les queda el disparo lejano y la llegada por los extremos. Lo hizo bien el Deportivo defensivamente. Una sola vez se coló Kanouté. Disparó alto. Careció de más opciones de ese tipo. No le dejaron. Tampoco sus compañeros, que empezaron a desquiciarse, en especial Alves, que sacó a relucir los detalles ajenos al fútbol que lo caracterizan por momentos. También la grada empezó a impacientarse. La ausencia de resquicios por los que llegar a las proximidades de Aouate y la parsimonia con la que los deportivistas ponían el balón en juego tras alguna infracción alimentaron más esa inquietud. El empacho fue tremendo al no dar validez a un gol de Kanouté, que se apoyó en Coloccini antes de cabecear. Fueron quince minutos de suplicio para ambas escuadras. Aunque el encuentro podía haber quedado sentenciado con el gol de Riki, si antes Muñiz Fernández hubiese pitado penalti tras una mano flagrante de Dragutinovic en el interior del área. No lo vio. Tampoco un codazo de Escudé a Riki. Afortunadamente no hizo falta. |