Espanyol - Deportivo


Peña Ri@zor. (1-10-2007, 19'19)
ESPANYOL 1
Kameni, Zabaleta, Torrejón, Jarque, Clemente, Lola, Ángel (Moisés Hurtado, min.67), Coro (Lacruz, min.84), Luis García, Riera y Tamudo (Jonatas, min.56)

DEPORTIVO 0
Aouate, Manuel Pablo, Piscu, Coloccini, Filipe, De Guzmán, Sergio (Adrián, min,79), Verdú, Lafita (Riki, min.64), Guardado y Xisco (Bodipo, min.67).

Árbitro: Medina Cantalejo (Comité Andaluz). Amonestó al local Zabaleta (min.51) y al visitante Lafita (min.17).

Goles: 1-0: Tamudo (min.45).

Revolución pacífica

Roi Fernández. La Opinion A Coruña.

El Dépor mejoró con el cambio de imagen impuesto por Lotina en Montjuic, pero falló en la finalización, justo en lo que acertó el Espanyol, que marcó en la única ocasión del partido.

Lotina ideó una revolución, pero los revolucionarios le salieron pacíficos. Firmaron la paz antes de llegar a las manos. Sin derramamiento de sangre. Los cambios drásticos suelen ir acompañados, por desgracia, de sangre. Ayer en Montjuic se vivió un partido de guante blanco. No se sabe si sangre en las venas, pero algo les faltó a los blanquiazules para alcanzar el punto en el que la victoria es más importante que la vida misma. Decisión, quizás. Calidad, tal vez. Remate, seguro. Algo falla, pero sin duda, mejoró con Verdú, De Guzman y Xisco en el campo.

El técnico de Meñaka introdujo cinco modificaciones de inicio respecto a la batalla que se libró hace unos días en Riazor frente al Recreativo, y se notaron las diferencias en el juego, pero no en el resultado. El equipo llegó más. Vamos que llegó, algo que no consiguió ni una sola vez el pasado miércoles. Xisco en lugar de Taborda fue la referencia arriba, pero sólo eso, un faro, una luz que sirve de guía para que el equipo no se pierda, pero que todos dejan a un lado o a otro cuando pasan por su lado. Esa luz se iluminó en la segunda parte del primer periodo. Suya fue la mejor ocasión del encuentro. Robó y corrió medio campo sintiendo el aliento en el cogote de cuatro jabatos blanquiazules. Pero corrió sin mirar atrás y se plantó solo ante Kameni. Corrió, pero no marcó. El ágil meta camerunés apagó su luz.

La revolución de Lotina todavía se encuentra en su primera fase. Aún no ha llegado la sangre al río. Pero pronto lo hará si continúa todo por este camino. Paciencia. En Barcelona sólo faltó la chispa que encendiera el polvorín. Lo intentó primero Lafita, en un mano a mano con Kameni tras servicio magistral del canadiense De Guzman, un pulmón en el centro del campo del que no se debe prescindir tal y como están las cosas, pero erró. Remató desviado; ni si quiera obligó a Kameni a emplearse para repeler el ataque. Luego le tocó el turno a Xisco, con otro mano a mano perdedor. Una revolución la encabeza siempre un líder. Y al Dépor el falta eso. Alguien que tire del carro en momentos tan delicados. Falta decisión, sobra imprecisión. Contundencia se echó en falta en algunas acciones defensivas.

En el fragor de la batalla, exhaustos por el desgaste que supone atacar sin cuartel al enemigo atrincherado en su campo durante 45 minutos, un despiste de la retaguardia, y la emboscada ya está liada. Coro apuró una cabalgada por la banda derecha, centró al corazón del área deportivista y Tamudo, el capitán del batallón catalán, se camufló entre los dos centrales para cabecear con puntería al fondo de la red. Todo un tiempo de desgaste y sacrifico para nada. El Espanyol sí que tiene un líder. Todos le siguen y le respetan, porque cuando hay que dar la cara, lo hace así. Es el primero. Al Dépor le falta eso. Alguien que dé un paso al frente para reconducir al equipo. Para guiarlo al triunfo. A diferencia del último partido el plan de ataque de ayer fue bueno, pero en el instante de asaltar las trincheras enemigas faltó valor, sobró timidez.

El Dépor salió al segundo acto aún dolorido por la herida que había abierto Tamudo en la última refriega de la primera parte. Con los mismos medios intentó el cuadro herculino sorprender al Espanyol e igualar la contienda, pero se notaba el peso del gol de Tamudo. Era como una pesada losa que recordaba a los de Lotina que había que marcar dos tantos para recuperar el terreno perdido. Así, con más corazón que cabeza, el Dépor se lanzó a una ofensiva sin tregua en la que descuidaron la defensa. Coloccini se prodigó en ataque y de sus pies salió una volea que chocó contra el poste tras centro de Filipe Luis desde el flanco izquierdo.

Con las fuerzas comenzaron a flaquear Lotina realizó una última intentona sacando a toda la artillería. Riki y Bodipo se unieron al acoso y derribo de las tropas de Valverde, ahora sí refugiadas, aguantando el chaparrón, a la espera de una contra letal. La tuvo Luis García, pero se adelantó el incombustible De Guzman. Evitó la rendición antes de tiempo. Lucho a muerte el Dépor. Pereció con la artillería pesada sobre el césped (Adrián, Bodipo y Riki), y murió con las botas puestas. En una semana la revolución blanquiazul se traslada a Sevilla. Queda tiempo para afinar la puntería.

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