Deportivo - Espanyol


Peña Ri@zor. (25-2-2008, 20'25)
2 - Deportivo: Aouate, M. Pablo, Lopo, P. Amo, Coloccini, Filipe, Wilhelm. (89'), Sergio, De Guzman, Lafita (83'), Xisco (79').
J. Rodrz. (83'), Valerón (89'), Bodipo (79')

0 - Espanyol: Kameni, Chica (62'), Jarque, Torrejón, David García, Valdo, Moisés, Ángel (75'), Riera, Luis García, Ewerthon (62')
Rufete (75'), Coro (62'), Jonathan (62')

Goles :
1-0 (17'): Coloccini remata de cabeza tras un córner sacado por Sergio.
2-0 (23'): Lafita marca con el pecho después de realizar una gran jugada individual.

Árbitro: Clos Gómez, del Colegio Aragonés. Amonestó a Lopo (68'), Sergio (75'), Wilhelmsson (80') y Rufete (82').

El Dépor recupera crédito

Xosé Manuel Mallo. La Opinion A Coruña

Los futbolistas del Deportivo se consideran en deuda con su parroquia. Lo recuerdan constantemente en sus declaraciones. Ayer empezaron a satisfacerla y a redimirse de los errores que ante ellos habían cometido, que son los que los llevaron a ocupar una de las plazas que conduce directamente a la Segunda División. Dos goles en seis minutos, la inteligencia para saber jugar con el marcador a favor y la entrega hasta la extenuación fueron los ingredientes básicos que explican por qué los tres puntos se quedaron en Riazor. Fue el primer plazo de los catorce estipulados. El siguiente prescribirá el próximo sábado frente al Sevilla, también en Riazor, pero la grada ya no duda de que cobrará y no se quedará como pasmada cómo si recibiese un talón sin fondos. El equipo deportivista recupera crédito a base de fútbol, de goles y de sacrificio. También de espectáculo, el que Valerón puso en los cinco minutos que le concedió Lotina. Tiempo que le bastó para inventarse un servicio a Bodipo, al que dejó solo frente a Kameni. El portero impidió lo que pudo ser un colofón apoteósico.

Todo empezó con una mezcla de estrategia, calidad y constancia, que fueron los elementos que colocaron al Deportivo con una cómoda ventaja en en el marcador. Una diferencia de dos goles que se llevó al vestuario en el intermedio. La primera vez en esta temporada que los blanquiazules acudían al tiempo de refresco con los deberes a medio hacer. Al contrario que en otros partidos, no necesitaron de oportunidades claras de gol para batir a Kameni. Les bastó un córner preparado en el laboratorio de Lotina para que Coloccini anotase el primero tras un perfecto córner lanzado por Sergio. Les bastaron dos toques llenos de intención de Sergio y Wilhelmsson para que Lafita se colase cual culebra por el medio de la defensa visitante y disparase contra el cuerpo del portero camerunés para concluir con un toque de pecho sobre la misma línea de gol. Había transcurrido la mitad de la primera parte y los deportivistas se habían asegurado casi los tres puntos. Inaudito este año.

En dos acciones se sacudió el cuadro coruñés a un adversario al que no había podido derrotar en los tres partidos anteriores. En la Liga perdió el Dépor en Montjuic sin que todavía se sepa el porqué. En la Copa empató en Barcelona y perdió en Riazor a pesar de mostrar una superioridad abrumadora. Entonces la falta de gol fue una de las causas, pero tuvo que haber otras, aún desconocidas.

Ayer, el discurso fue otro muy distinto. La defensa fue completamente impermeable a las embestidas pericas y el ataque parecía jugar siempre en superioridad debido a la constante movilidad de Wilhelmsson y Lafita. La ventaja adquirida permitió a los locales manejar el tempo del encuentro a su antojo. Tocaron y se gustaron hasta que las ocasiones acabaron llegando a la contra en la recta final del choque. La sapiencia del centro del campo se impuso. Fue innecesario forzar. Sólo tuvieron que mantener lo alcanzado, aunque con desgaste, ya que no era cuestión desperdiciar el botín. Pero tan seguros de sí mismos se sentían los futbolistas que en casos sólo miraban al frente descuidando su parcela en la defensa. Le sucedió a Filipe, tanto que Lotina lo tuvo que reprender. El resultado bastaba. La diferencia era holgada. Era innecesario buscarse complicaciones.

Además, no hay que olvidar que el Deportivo juega con el tiempo en contra. Necesita arañar segundos a lo segundos en su lucha por la supervivencia en la categoría. Lo hizo ayer, pero sólo fue un pequeño paso de las catorce etapas que tenía que afrontar. Todavía le quedan otras trece. Y no camina solo. Tiene muchos obstáculos, algunos de los cuales soltarán zarpazos de todo tipo para apartarlo de la buena senda.

Quizá sea ante las grandes adversidades y en las situaciones casi irreversibles cuando los blanquiazules sacan lo mejor que llevan dentro. El triunfo de ayer fue incontestable. El fútbol desarrollado fue arrollador. El Deportivo lució con su juego, pero también por su entrega. Los jugadores acabaron asfixiados sobre el terreno de juego, debido al esfuerzo realizado, pero con un sentido del que carecieron en anteriores encuentros. La presencia del guía, mano alargada de Lotina en el césped, es decir, Sergio, se notó. La pausa que le puso al juego fue determinante. Aunque hay quién no se lo reconozca y esté aguardando la mínima pifia para reprochársela.

La presencia del ocho cambió la fisonomía del equipo, junto a los restantes retoques que el entrenador blanquiazul introdujo. El único que salió casi inadvertido del terreno de juego fue Aouate. El trabajo defensivo lo agradeció el portero israelí. Sólo tuvo que atajar un remate. Fue esa seguridad en tareas de contención, esa fortaleza en el centro del campo y la movilidad de los atacantes lo que motivó que el Espanyol estuviese desaparecido, pero no todos los adversarios que faltan son como los pericos, que han perdido seis de los últimos partidos disputados. Habrá rivales más aguerridos y con mayor calidad, pero por lo visto ayer los deportivistas tienen razón, pueden tutear a cualquiera. Todo es cuestión de mantener el nivel para que su parroquia siga siendo fiel y mantenga que este equipo ha recuperado, por fin, el crédito que necesita. Especialmente en Riazor.

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