Recreativo - Deportivo |
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Peña Ri@zor. (18-2-2008, 21'43)
3 - Recreativo: Sorrentino, E. Moya, Beto, M. Cáceres, Poli (87'), Varela (63'), Martins, J. Vázquez, Aitor, Camuñas, Sinama (68'). Gerard (87'), Ruben (68'), Zahínos (63') 2 - Deportivo: Fabricio, M. Pablo, Lopo (72'), P. Amo, Coloccini, Filipe, J. Rguez. (61'), A. Tomás, De Guzmán, Verdú (61'), Bodipo. Wilhelms. (61'), Riki (72'), Xisco (61') Goles : 0-1 (9'): Verdú (penalti). 1-1 (53'): Beto. 2-1 (56'): Sinama. 2-2 (81'): Riki. 3-2 (87'): M. Cáceres. Árbitro: Álvarez Izquierdo, del Colegio Catalán. Expulsó a Beto (37')(53'). Amonestó a Sinama (8'), Lopo (12'), Martín Cáceres (17'), Filipe (79'), Riki (81'), Zahínos (85') y Sorrentino (89'). Empeñados en hundirse Xosé Manuel Mallo. La Opinion Coruña. El Deportivo se mueve por arenas movedizas sin recursos para mantenerse a flote ni mucho menos para salir a terreno firme que le permita tomarse un respiro y encarar el camino que le queda en su travesía con cierto optimismo. Huelva suponía como un oasis en mitad del camino. El vergel se convirtió en infierno. Un paso más que en vez de llevarlo adelante provocó que se hundiese todavía más. Empezó ganando. Estuvo perdiendo y empató para acabar cediendo finalmente. Eso que el adversario marcó el segundo y el tercero cuando estaba con diez. Apeló a la heroica y triunfó. Lo hizo porque tiene gente con gol o que mira a portería; lo hizo porque en el Deportivo casi nadie lo hace y porque ayer, además, la retaguardia estuvo de antroido. Dos goles a balón parado son imperdonables. El tercero, en una falta que llegaba desde el centro, increíble. Una antroidada que puede costar cara. La cabeza apenas emerge a la superficie y el fango sigue tirando hacia abajo. El enrarecido ambiente tampoco sirve de disculpa. La camiseta de un equipo es más que una enseña, eso por lo que tanto se discute en la actualidad. Más que una bandera es mucho decir, pero es lo cierto. Incluso el tono del color establece un matiz diferenciador considerable. En el Colombino el equipo blanquiazul no era el Deportivo, era el Recreativo de Huelva, aunque para los aficionados deportivistas el blanquiazul sea los colores de su club. Sus colores. Y ayer, como otras tantas veces y en otros tantos lugares, lucir esos colores convierte a uno en su paladín. Cualquier patapalo es aclamado como un héroe. Da igual que controle el balón con la rodilla y se le vaya veinte metros, su intención basta para que reciba la ación del héroe . Da igual que le dé una patada al adversario que no tiene escapatoria y que se la encuentra con la infracción del que viste la blanquiazul. El que yerra haciendo la falta es inocente, cae en la trampa del que espera el momento de la huida con el balón, un villano al que sólo se le compara el que tiene que decidir sobre las normas del partido. Todo eso se vivió ayer en el Colombino, donde dos equipos de fútbol se jugaban buena parte de su futuro en la elite de este deporte. El local, arropado por sus acólitos convertidos en huestes sumisas dispuestas al belicismo pero sujetas por la distancia que las separaba del campo de batalla, entiéndase campo de fútbol. La ausencia de la pelea las alteraba más a cada minuto que pasaba. La impotencia contenida les impedía ver con nitidez. La única razón de la contienda era abatir al adversario, el villano, de cualquier forma y a cualquier precio. Incluso parte de los que tienen que actuar de notarios eran ciegos. O solo lo eran por momentos, como suele suceder cada vez que el fútbol llega a estos lares. Podía decirse que eran bicromáticos, sólo existía para ellos el blanco y el azul combinados. Como los luchadores pasivos que permanecían en las gradas. El gol de Verdú encendió más a la parroquia. Llegó pronto y provocó una erupción convulsa que no se apagó hasta el final. Un suplicio. Incluso cuando uno de esos patapalos se autoexpulsa la grada se vuelca contra el juez. Eso no va con ellos. La heroica los empuja, los envalentona. De estar por debajo en el marcador pasan a dominarlo. Dos remates a portería se convierten en otros tantos goles. Lo habitual en los partidos del Deportivo. No le disparan, pero cuando lo hacen lo matan. Cuestión de munición. El rival parece que la utiliza de verdad, mientras que los asesinos deportivistas solo usan de fogeo cuando se deciden a disparar, que es otra historia. El gol de Sinama Pongolle llegó tras un disparo desde fuera del área que se coló como un obús. Fue convencido. Minutos antes, a falta de uno para el descanso, Bodipo recibe en solitario en el área con el portero de frente, y decide abrir a un lado. El camino más largo quizás era el remate directo. Había que buscar el atajo del exterior para llegar a portería con una tercera jugada. Falta instinto goleador, algo con lo que se nace. No se hace. Quizá Riki tenga que explicarlo. Nueve minutos le bastaron para cabecear a la portería y obligar a Sorrentino a sacar casi un imposible y para marcar el segundo en un buen remate. Parece fácil. Con todo, ese instinto de poco sirvió. Porque enfrente no todos son patapalos. Son futbolistas que jugaron como les convenía en el momento que debían hacerlo para jolgorio de una grada que al final reclamó la existencia de unas normas propias para los suyos. Que más da. Las de todos les bastaron para llenar sus reservas y hundir un poco más a un adversario que se asía a sus tobillos. Eso que remontaron dos veces con diez jugadores. |