Deportivo - Getafe |
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Peña Ri@zor. (10-2-2008, 17'25)
1 - Deportivo: Fabricio, M. Pablo (75'), Lopo, P. Amo, Coloccini, Filipe, J. Rodríguez, De Guzman, A. Tomás (80'), Verdú (65'), Bodipo Barragán (75'), Sergio (80'), Wilhelm. (65') 1 - Getafe: Pato, Cortés, Cata Díaz, Mario, Licht, Granero, De la Red, Casquero, Gavilán (60'), Albín (72'), Manu (80') Contra (72'), Braulio (80'), Uche (60') Goles: 1-0 (43'): Mario marca en propia puerta al intentar despejar un remate de Pablo Amo. 1-1 (68'): Uche, de gran derechazo dentro del área. Árbitro: Undiano Mallenco, perteneciente al Colegio Navarro. Amonestó a Antonio Tomás (35'), Lopo (59') y Licht (59'). El Dépor hace un gorgorito Roi Fernández. La Opinion A Coruña Un gorgorito de la defensa, más pronunciado en el tenor Coloccini, emborronó el recital de orden y paciencia que ofreció el Deportivo en una primera parte redonda. En ese tiempo los pupilos de Lotina interpretaron a la perfección la partitura del maestro y la ejecutaron sin agobios atrás y con efectividad en ataque. El gol en propia meta de Mario en una jugada que nació en una falta fue suficiente para ganarse el aplauso del público en un concierto sin grandes alardes, pero correcto en el primer periodo. En el segundo la corrección dio paso al desentono, en el que emergió la figura de Uche para sacar provecho de la única salida de tono blanquiazul para empatar (1-1) y dejar al Dépor sin el premio de la tercera victoria seguida, pero con el buen sabor de sumar el tercer partido sin perder. Todo un triunfo para un equipo que merodea por la zona de descenso. El cambio de juego del canadiense De Guzman a los tres minutos de partido fue toda una declaración de intenciones del Deportivo. La recepción con autopase de Filipe Luis significó la confirmación de que el cuadro blanquiazul volvería a poner en problemas a su rival por la banda izquierda, la más ofensiva, sin duda, desde la puesta a punto del lateral brasileño, que ha mejorado sus prestaciones en unos meses de manera asombrosa. Todo lo que toca este chico se convierte en pura dinamita. Un cambio de orientación medido a los pies de Manuel Pablo supuso un punto de inflexión en el juego herculino, un tanto adormecido en el primer cuarto de hora de encuentro. Eso sí, en defensa nunca perdió el orden ni la concentración. Los guardianes de la meta de Fabricio se comportaron como auténticos pretorianos. Sus movimientos sonaban como una sinfonía. Sin estridencias. Cada uno tocaba su instrumento en el momento adecuado. Si hacía un gorgorito Lopo, ahí estaba Manuel Pablo para camuflar el fallo y que no se notara, si la pifiaba el tenor Coloccini, raro en él otros días, pues le cubría con solvencia un jugador más entonado como Pablo Amo. No le han hecho falta muchas horas de ensayo al coro defensivo para sonar al unísono. Da la impresión de que llevasen toda una vida jugando con este sistema esos cinco hombres. Han bastado tres partidos para descubrir que este el sistema ideal para salir del pozo. En ataque las cosas ya no sonaban tan bien. La declaración de intenciones del inicio se quedó sólo en eso, en una idea vaga. Pero para sorprender a este Dépor siempre le queda el recurso del contraataque y las bandas. Abrir el juego hasta los límites de la línea de cal descolocó al Getafe y animó al cuadro coruñés, que en una de esas aperturas, esta vez por el carril de Manuel Pablo, orientó la puntería hacia la puerta de Abbondanzieri con un disparo de De Guzman desde la frontal del área. El intento salió pegado al poste en la primera aproximación con veneno en el cuero. Los ecos del recital que estaban ofreciendo los tres tenores en el centro de la defensa retumbó hasta la delantera en una jugada propicia para que los que hacen los coros se unieran para completar la opereta blanquiazul. Verdú y Juan Rodríguez pusieron el cebo y Filipe Luis el centro en una falta telegrafiada en la que Pablo Amo ejerció de maestro para cabecear al corazón del área y dejar que el central Mario hiciese el resto: poner la pierna para desviar la trayectoria del balón y gol. El estruendo controlado se apoderó de Riazor para aplaudir la obra maestra de la primera parte. El Dépor ofreció un concierto sin grandes estrellas y sin la pompa de los tiempos de Champions, pero con idéntica precisión en la ejecución de la música. Cada miembro de la orquesta sabe la tecla que tocar y en qué preciso instante hacerlo. Con la misma melodía en la mente saltó al campo el Deportivo en la segunda parte. Los de Lotina han aprendido la partitura de memoria y ya no necesitan ni mirar al director para saber en qué parte de la obra se encuentran. Han interiorizado el sonido del 5-4-1 y lo ejecutan a la perfección. Pero a los rivales también le empieza a sonar la canción deportivista y tratan de formar barullo para interrumpir la música. Eso intentó y logró el Getafe, que tocó a rebato en el primer tercio de la reanudación, pero no encontró al principio el camino hacia la portería de Fabricio, que sólo vio peligrar su inmunidad en un lanzamiento lejano pero ajustado al palo de De la Red. La música subió de tono con el debut del sueco Wilhelmsson, que entró en el campo a ritmo discotequero para suplir a un apagado Verdú. Pero los altavoces se colapsaron con la irrupción del nigeriano Uche, que en la única salida grave de tono de Coloccini, aprovechó para fusilar por alto a Fabricio (1-1, min .69). Con el empate, la maquinaria del Dépor chirrió sin llegar descomponerse. Amagó con ello en un taconazo improcedente de Barragán, pero ahí estaba De Guzman para leer la partitura y salvar los cada vez más frecuentes gorgoritos del coro blanquiazul. El gol de Uche impidió redondear el concierto, pero sin llegar a estropearlo. Habrá más pases para mejorar. |