Deportivo - Valladolid |
|
Peña Ri@zor. (29-1-2008, 12'25)
3 - Deportivo: Fabricio, Manuel Pablo, Lopo, Pablo Amo, Coloccini, Filipe, Juan Rodríguez, De Guzman, A. Tomás (73'), Guardado (75'), Xisco (68') Verdú (73'), Valerón (75'), Riki (68') 1 - Valladolid: S. Asenjo, Pedro López, García Calvo, Iñaki Bea, Marcos (64'), Capdevila (73'), Vivar Dorado, Álvaro Rubio, Sisi (54'), Víctor, Llorente. Ó. Sánchez (64'), Ogbeche (54'), Sesma (73') Goles: 1-0 (7'): Lopo aprovecha un balón muerto tras un córner. 2-0 (46'): Xisco remacha tras remate de Guardado. 3-0 (72'): Guardado, tras pase a la contra de Riki. 3-1 (83'): Víctor, de disparo desde fuera del área. Árbitro: Velasco Carballo, del Colegio Madrileño. Expulsó por doble amarilla a Asenjo (17' y 74') y amonestó a Juan Rodríguez (32') y Xisco (45'). El Dépor aún tiene vida Roi Fernández. La Opinion A Coruña Y a la cuarta, el Dépor resucitó. Tras encadenar tres derrotas en las últimas jornadas, el equipo coruñés superó el síndrome Riazor con un imprescindible triunfo sobre el Valladolid (3-1), que levanta el ánimo antes de viajar a Sevilla para afrontar una nueva final en el campo del Betis. En la capital andaluza Lotina podrá dar continuidad al revitalizador sistema de cinco defensas, el que ayer reactivó, aunque parezca contradictorio, el ataque blanquiazul. Riazor descargó toda la adrenalina acumulada a lo largo de la mayor sequía de la historia blanquiazul en casa con el gol de Lopo. Un tanto de rabia que compartió con su compañero de viaje durante estos últimos meses en el dique seco, el médico Carlos Lariño. El catalán celebró su vuelta a los campos con un gol de oro que nació en el córner y rozó primero Xisco antes de que el central se lanzara con todo el alma al césped para empujar el balón al fondo de la red. Lopo es uno de esos hombres que tanto necesita el equipo en un momento tan crítico. Precisa el Dépor toda la casta del mundo para salir de esta situación. También ayudaría algo más de gol. Lo tuvieron Juan Rodríguez antes del tanto inicial en sus pies y Pablo Amo después en su cabeza, pero ninguno acertó con el marco de Asenjo. Pero, y por primera vez en mucho tiempo, parecía sólo una cuestión de paciencia ver cómo surgía de las botas de uno de los once gladiadores que saltaron ayer disfrazados de blanquiazul al campo una jugada que fabricara el segundo y tantas veces ansiado gol para confirmar la segunda victoria en el santuario herculino de toda la temporada. Casi lo consigue, sin querer claro,Vivar Dorado en propia puerta, pero una vez más lo evitó el maldito poste, ése que siempre aparece cuando menos lo necesita el Dépor. De lo que sigue necesitado el cuadro coruñés es de gol. Es la verdadera cruz del conjunto de Lotina, que ayer acertó de pleno al proponer un cambio de sistema que asimilaron con veloz solvencia sus pupilos. Los centrales actuaron con una contundencia inusitada que encabezó el hercúleo Coloccini, los carrileros acompañaron en armonía el ataque liderado por Guardado y Juan Rodríguez en las bandas y Xisco en la punta. Por paradójico que pueda parecer para los neófitos en esto de la táctica futbolística, el sistema con cinco defensas lejos de suponer un atranco para la creación de fútbol ofensivo actuó como un revulsivo y enfureció el ataque blanquiazul, que ayer tiró de velocidad para montar unas contras letales. Los pases al hueco también funcionaron y casi sentenció uno del canadiense De Guzman sobre la carrera de Xisco, pero el mallorquín se escoró demasiado y remató inocente a las manos del meta rival. Reservó todo su oportunismo para tranquilizar a la parroquia coruñesa a los pocos segundos de la reanudación. Xisco cazó un balón en el área pequeña tras rechace del portero pucelano a disparo envenenado de Guardado. Fue en el enésimo contragolpe de libro que lanzaron las huestes del técnico de Meñaka. Manuel Pablo abrió para el mexicano, que recibió en dudosa posición y arrancó en compañía de Xisco y Juan Rodríguez solos hacia la portería. Así se fraguó seguro que uno de los tantos más rápidos de las segundas partes en la Liga. Lo que siguió al tanto de Xisco fueron cuarenta y cuatro minutos de puro éxtasis reparador. Guardado cortó cualquier intento de reacción que pudiera quedar en el ánimo rival al convertir en el 3-0 una galopada con servicio preciso de Riki, que con su frescura mató poco después a los de Mendilibar al forzar en otra cabalgada por la banda izquierda la expulsión del cancerbero Asenjo y obligar al Valladolid a situar bajo palos a un jugador de campo, porque ya había consumido los tres cambios. Óscar Sánchez actuó de improvisado portero para oír desde una posición privilegiada -justo bajo la grada de las incansables gargantas de los Blues- la apasionada ovación que rindió todo Riazor al eterno Valerón. No pudo tener mejor regalo para celebrar su reaparición El Flaco que la balsámica goleada que le endosó su querido Dépor a un rival directo en la cerrada pugna por la salvación. Ni siquiera el tanto postrero de Víctor en un disparo lejano que desvió lo justo Llorente para descolocar a Fabricio, empañó una tarde mágica, como las que tantas veces brindó en Riazor el bueno de Valerón. Su regreso es una inyección de vitalidad en la médula de un Dépor que aún tiene vida. |