Deportivo - Racing |
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Peña Ri@zor. (12-11-2007, 13'14)
0 - Deportivo: Aouate, M. Pablo, Piscu, Coloccini, Filipe, Sergio (80'), De Guzman, Cristian (80'), Verdú, Guardado, Xisco (68'), Munúa, Aythami, P. Álvarez, J. Rodríguez, Rubén (80'), Riki (80'), Bodipo (68'). 1 - Racing: Toño, Pinillos, Oriol, Garay, L. Fernández, Munitis (87'), Colsa, Duscher, Serrano (57'), Smolarek (65'), Tchité, Coltorti, Sánchez (87'), J. López (57'), Portilla, Ayoze (65'), Moratón, Bolado. Gol: 0-1 (67'): Tchité desvía con la puntera un centro de Munitis tras una contra. Árbitro: Pérez Lasa, del colegio vasco. Expulsó a Filipe con roja directa (93'+). Amonestó a Serrano (20'), Pinillos (70') y Duscher (81'). Riazor hipoteca al Dépor Roi Fernández. La Opinion A Coruña El Dépor hipoteca su futuro en Riazor. Todo lo que gana fuera lo pierde en casa, donde la falta de gol, que no de ocasiones, es ya un lastre imperdonable. Riazor está de rebajas. El precio del triunfo está por los suelos y así hasta el más pasmado se beneficia. Si ayer lo hizo un Racing rácano hasta la desesperación, tras verse atado de pies y manos durante noventa minutos, ya puede hacerlo cualquiera. Mal síntoma. Y eso que el Dépor salió enchufado, eléctrico, convencido ciegamente en sus posibilidades de volver a triunfar en Riazor tras un oasis de casi dos meses, que al final se prolongará, por lo menos, una jornada más. Al toque, sin prisas y con criterio movió el balón el cuadro blanquiazul. Pase en corto tras pase en corto hasta encontrar el hueco. Con la paciencia que le concedió el triunfo en Murcia de la semana pasada, el Dépor se plantó en el campo con la entereza de un señor equipo. Un bloque que comienza a jugar de memoria, sin grandes alardes, pero también sin lagunas. Con una velocidad uniforme, sin tirones, el conjunto herculino fue consolidando su supremacía sobre el Racing. A la media hora la sensación de superioridad blanquiazul era total, aunque faltaba refrendarlo con un gol. El cuadro santanderino se limitó a mantener su sitio en el campo y esperar un despiste o un contraataque para dar el hachazo, pero los únicos latigazos los pegó el equipo local. Por el carril derecho insistió Manuel Pablo, el lateral más activo de los primeros minutos, pero ni uno solo de sus centros se envenenó lo suficiente como para provocar náuseas en la defensa cántabra. Eso sí, uno se le atragantó en el punto de penalti, donde aterrizó Verdú en plancha para cabecear pegado al poste derecho de Toño. Del amago de atasco se pasó a la asfixia por ingestión masiva de aproximaciones deportivistas. Xisco, Verdú y Cristian canalizaron el juego ofensivo del Dépor por la banda derecha. Por ahí, con continuas paredes en corto, pases en largo, llovieron las ocasiones hasta que la tormenta alcanzó también al carril izquierdo, por donde se animó sólo Filipe Luis, mientras Guardado permanecía en un segundo plano. De los pies del brasileño nació una pared con Verdú que mató él mismo con un amago de más al disparar contra un defensa. Esa fue sólo la punta de un iceberg que escondía, al menos, un par de buenas oportunidades más: la volea de Verdú que despejó a córner con ágil plasticidad el meta rival y la cabalgada de Xisco a pase del catalán, que murió en un remate tardío que chocó en la muralla de defensas que perseguían como alma que lleva el diablo al delantero mallorquín. Sin gol, pero con dominio blanquiazul total feneció la primera parte. Con la esperanza de rubricar el ya habitual buen juego en gol comenzó el segundo tiempo. El carril izquierdo relevó en el protagonismo al derecho en un arranque explosivo del Dépor. Filipe Luis trazó el camino hasta la línea de fondo con una galopada en la que dejó atrás al veloz Munitis para servir un balón de oro al borde del área pequeña, pero el gol no hablaba catalán ayer, y ni Cristian primero ni Verdú después acertaron entre los tres palos. Lo hizo más tarde el mediapunta en un cabezazo que salvó Toño en la misma línea de gol, que se le resistió también a Xisco, el jugador que más cerca estuvo de él en un caracoleo más propio de un tipo de la envergadura de Munitis que no del mallorquín; se revolvió entre una nube de futbolistas y apareció frente al portero, el último obstáculo que ya no pudo superar. Una pena, porque poco después, injusticias íntimas del fútbol, el Racing tiró de manual para justificar su libro de estilo y culminó una jugada que arrancó con una pérdida de balón en la medular. Tres toques y gol. Fue suficiente la puntita del pie de Tchité para colar el balón servido por Munitis entre el palo y Aouate y dejar frío Riazor. Se heló el ambiente pero las ideas de los jugadores permanecieron en su punto de ebullición. Nada cambió tras el gol. Salvo la sensación de impotencia que invadió al estadio. Fue como un dèjá vu. Esto ya lo había vivido el Deportivo antes. Claro, en Montjuic, en el Bernabéu o con el Mallorca, aunque nunca de una forma tan despiadada como la de ayer. Nunca después de un baño de juego tan pulcro. La derrota ante el Racing, la cuarta en casa, duele la que más, porque el rival marcó casi en la única ocasión que tuvo y el Dépor rozó la perfección, pero la falta de gol volvió a hipotecar el triunfo en Riazor. |