Deportivo - Mallorca


Peña Ri@zor. (2-11-2007, 11'29)
1 - Deportivo: Aouate, M. Pablo, Piscu, Coloccini, Filipe, De Guzman, J. Rodriguez (57'), Cristian (71'), Verdú, Guardado, Bodipo (82'), Munúa, Aythami, A. Tomás, Lafita, Riki (71'), Rubén (82'), Taborda (57')

1 - Mallorca: Moyá, Molinero (40'), D. Navarro, Nunes, F. Navarro, Varela, Pereyra, B. Valero (74'), Tuni (62'), Arango, Güiza, Lux (40'), Ramis Basinas (74'), Trejo, Castro, Víctor, Jonás (62')

Goles:

0-1 (11'): Güiza empuja sobre la raya de gol.

1-1 (41'): Guardado transforma de penalti.

Árbitro: Ramírez Domínguez, Colegio Andaluz. Expulsó a Moyá (39'). Amonestó a David Navarro (23'), Piscu (61'), B. Valero (67'), M. Pablo (69'), Lux (75'), Pereyra (79'), Güiza (91') y Varela (92').

El gol, a precio de oro

El Dépor puso todo el corazón del mundo para doblegar a un Mallorca que jugó la segunda parte con diez jugadores, pero se estrelló contra su incapacidad para marcar y sólo empató.

Roi Fernández. La Opinion A Coruña

El gol se paga por Riazor a precio de oro. Cuando algo escasea, ya se sabe, se dispara. Es la ley del mercado. El Dépor necesitaba reconciliarse con un triunfo, al precio que fuera, pero ayer no compraba una victoria ni extendiendo un cheque en blanco. Y eso que el Mallorca se lo sirvió en bandeja de plata al terminar la primera parte con diez hombres por la expulsión de su meta Moyá por penalti sobre Bodipo. Pero ni contra diez sabe ya lo que es ganar el Deportivo. Suma tres jornadas sin noticias de una victoria y o se pone remedio a esta sequía el domingo en Murcia o la situación comenzará a ser insostenible.

Por enésima vez el inicio del Dépor fue prometedor. Amo y señor del balón y del campo, el cuadro blanquiazul se plantó en Riazor dispuesto a borrar de golpe y porrazo todas las dudas que había sembrado en los dos últimos encuentros, no por su juego, sino por su escasa efectividad. Guardado estuvo a un tris de espantar todos los fantasmas a los dos minutos de juego, tras robar en el centro del campo y ejecutar una precisa pared con Bodipo, pero Moyá se cruzó en el camino hacia el gol con una mano abajo muy oportuna para los bermellones y desgraciada para los blanquiazules. Sólo habían transcurrido diez minutos y el guión del partido era un calco de los dos anteriores. Mucho toque, mucho juego, pero poca definición. Otra vez el maldito gol. Cuesta un horror marcar.

Todo lo contrario que al Mallorca, que con la pareja Güiza-Arango en estado de gracia, ve puerta con una facilidad asombrosa, y claro, así es mucho más sencillo ganar. Y si encima, está enfrente un Dépor gafado, más. Sólo tuvo que aproximarse una vez en el primer cuarto de hora para abrir el marcador. Varela recibió un balón libre de marca en el vértice del área grande y le pegó un castañazo que repelió el larguero sobre la línea de cal, antes de que Güiza, siempre con la caña a punto, empujara justo antes de que el esférico se perdiera por la línea de gol de la meta coruñesa.

El caos se apoderó de las huestes de Lotina tras el gol, que cayó como una pesada losa sobre la moral herculina. La ansiedad reinó a sus anchas en las cabezas de los blanquiazules. Esas ganas de hacer las cosas a mil revoluciones bloqueó las ideas y levantó muros por donde antes había caminos hacia la portería de Moyá. Fueron momentos de gran angustia, en la grada y en el campo, pero el conjunto coruñés reaccionó. Hacia el final del primera parte recuperó el mando del encuentro y volvió a la carga, sin piedad, aunque, como siempre, sin el remate necesario para remontar. Hacían falta dos goles. Y menos mal que el primero llegó antes del ecuador. Bodipo, muy dinámico y explosivo en el lugar destinado en las últimas confrontaciones a Xisco, aprovechó un fallo de concentración de la zaga visitante para robar y avanzar sobre la portería de Moyá, que en una salida a la desesperada lo derribó en lo que significó un claro penalti y su expulsión. Guardado no perdió la oportunidad de resarcirse del intento fallido al inicio del choque y engañó al argentino Germán Lux, el sustituto del expulsado Moyá. El Deportivo encontró un punto de inflexión para ir a más, para volcarse sobre la portería rival. Tenía los segundos 45 minutos para hacerlo y no especuló. Incluso antes del descanso Verdú probó fortuna con una folha seca que envió a córner Lux en una exagerada estirada. Con el espíritu combativo de los últimos instantes del primer tiempo saltó el Dépor al césped en el segundo. Con la intención de no permitir ni una ocasión al Mallorca y noquearlo a los puntos. Insistió sin tregua en los balones en largo sobre Bodipo, en corto, con paredes, abriendo a las bandas, de todas las formas posibles, pero el gol tardaba demasiado para las prisas con las que andaba el Dépor. Urgía la victoria y mucho tras dos derrotas seguidas y, sobre todo, después de conseguir sólo tres puntos de doce posibles en Riazor. Los de Lotina necesitaban recuperar las buenas sensaciones en casa y levantar el ánimo antes de afrontar otro choque decisivo en Murcia. Sentirse capaces de superar a un equipo que jugó toda la segunda parte con diez hombres sobre el campo era vital para recuperar la autoestima perdida con anterioridad ante rivales de extrema dureza.

De Guzman machacó la portería rival a cañonazos lejanos y desviados, Filipe bombardeó desde la banda, pero sus centros se perdían una vez en la maraña de jugadores que apiñó Manzano en su área, y otras por el fondo. Por insistencia el Dépor mereció el gol, pero no por puntería. Y eso que no desistió en su empeño el cuadro herculino hasta el minuto noventa. Ni la altura de Taborda para ganar los balones aéreos ni el debut de Rubén Castro valieron para superar ese miedo escénico que parece sentir el Dépor para vencer. Ayer lo tenía todo a su favor, pero le volvió a fallar la cabeza y le sobró corazón, el que suele jugar malas pasadas tantas veces. Lo puso todo para doblegar al Mallorca, menos el gol. Su precio está por las nubes. Se paga muy caro y el club herculino no está para grandes desembolsos. El gol se compra y el Dépor sólo tiene calderilla. Mal asunto.

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