Deportivo - Almería |
|
Peña Ri@zor. (27-8-2007, 10'12)
Deportivo de La Coruña (0): Aouate; Rodri, Coloccini, Lopo, Manuel Pablo; Cristian (Lafita, min 69), De Guzmán (Verdú, min 69), Sergio, Guardado; Riki y Adrián (Taborda, min 59). Almería (3): Cobeño; Bruno, Carlos García, Acasiete, Mané; Juanito, Ortiz, Corona (Melo, min 65), Soriano, Crusat; Negredo (Uche, min 56). Goles: 0-1: Negredo, min 19. 0-2: Soriano, min 34. 0-3: Crusat, min 51. Arbitro : Ontanaya López. Colegio Cast. Manchego Riazor se queda sin luz XOSÉ MANUEL MALLO La Opinion A Coruña La experiencia es la madre de la ciencia. Esta es una de esas frases hechas que sirve de recurso en infinidad de oportunidades y que ahora viene a cuento. Los expertos son, en esta oportunidad, los futbolistas del Deportivo con mayor recorrido por Primera División. Son los mismos que cuando arrancó el curso pasado aventuraban dificultades. La meta es la permanencia. No se equivocaron en sus apreciaciones. Un año después las mismas voces repitieron similar sentencia. Los más optimistas esperaban al debut en la Liga para quitarles la razón. La visita del Almería reforzó esa hipótesis, además de generar los más negros presagios. Aunque un solo partido tampoco debe bastar para hundirse en el pesimismo. Sí para que alguien se dé cuenta de las carencias que tiene el bloque con el que trabaja Lotina. Los pitidos deben repartirse entre todos. El Deportivo perdió. El Almería le pasó por encima haciendo lo justo. La diferencia pudo ser mayor visto lo sucedido sobre el césped. Lo peor no es la derrota. La forma de encajarla es lo que tiene que llevar a diversas conclusiones. Todas dirigidas hacia el futuro. Hay que olvidarse del pasado que tanto peso pareció tener durante la pretemporada. Hay que jugar al fútbol. Es el camino más corto hacia la victoria. Son frases recurrentes que se oyeron hasta el hastío durante el verano. La realidad fue que el Deportivo tocó el balón, casi hasta aburrir, pero siempre en su propio campo, en esa zona en la que la mayoría de los adversarios lo permiten. Una vez adentrados en el espacio en el que el toque sutil y las combinaciones hacen daño desapareció del todo el concepto básico que quiere manejar el actual entrenador. Sólo algunas apariciones de Guardado hicieron concebir alguna pequeña ilusión de que el equipo podía remontar. Pero fue solo él. Es insuficiente. Un futbolista casi nunca gana un partido. Una individualidad puede decantar el juego hacia un lado, pero sentenciarlo es más complicado. La sentencia llega por medio del remate, algo que no existió en este partido. Cobeño es el portero del Almería de cuyas cualidades se sabe por sus antecedentes, nunca por lo que hizo en Riazor. Nada. A nada lo obligaron los delanteros, aunque en favor de éstos hay que decir que tampoco recibieron los balones necesarios para intentar el remate. Riki probó a los cuarenta minutos. Simplemente intentó un disparo. La falta de convicción era enorme. El balón salió a varios metros de la portería del Almería. Fue el primer, y único, remate del Deportivo en toda la primera mitad. ¿Esta es la diversión que se auguraba? Divertirse en fútbol es sinónimo de mover la pelota y llegar el mayor número de veces posible a la meta adversaria, que es en donde se tiene que alojar el balón para hacer pleno. Eso es diversión. También se pueden aceptar otras acciones menos prácticas, pero que por lo menos conllevan vistosidad. Pero Djalminha, y otros, hace mucho tiempo que ya no están. Aunque la rabona de Guardado recordó tiempos pretéritos. El brasileño es pasado. Pertenece al espacio en el que se encuentra también lo sucedido en el último curso. Y el penúltimo. Aquellos en los que el toque en corto y la combinación parecían prohibidas. Esas cuestiones, que resultan tan básicas en este deporte habían quedado en el olvido, pero había una contrapartida: los puntos. A todo el mundo se le llenó la boca durante el verano cuando se hablaba de la etapa anterior. El verbo en si mismo está carente de contenido. La palabra en el fútbol es gol, es puntuar. El resto es verborrea. Algo que se diluye en el aire, como el humo. La primera oportunidad de demostrar fue ayer. El estreno. Tocó un rival de los denominados accesibles. Un recién ascendido. Uno de esos con los que los blanquiazules, en buena lógica, se van a jugar el bacalao allá por el mes de mayo. El primer bocado lo pegaron los almerienses. Medio partido fue suficiente para que la ilusión de la parroquia de Riazor se tornase en decepción. Las palmas se convirtieron en pitos. Lo que era blanco se volvió negro oscuro. Y un sólo objetivo en las críticas de los seguidores: Sergio. El catalán falló en su función de catalizador del juego de su equipo. Cierto. Su nota es baja, como la de casi todoslos blanquiazules. Sólo se salvan los detalles de Guardado y la solvencia de Manuel Pablo en la banda izquierda. Poco. Muy poco. Decir que hasta los centrales estuvieron flojos resume lo que hizo el equipo en su estreno en Riazor. |