Deportivo - Athletic |
|
Peña Ri@zor. (7-2-2005, 10'41)
Deportivo de La Coruña: Munúa; M. Pablo (Víctor, m.57), Coloccini, Andrade, Romero; Sergio, Duscher (Munitis, m.79); Scaloni, Valerón, Luque; y Tristán. Athletic de Bilbao: Aranzubia; Murillo, Gurpegi, Luis Prieto, Casas; Solabarrieta, Orbaiz, Tiko, Yeste; Etxeberría (Del Horno, m.87) y Llorente (Urzaiz, m.62). Goles: 0-1, m.51: Orbaiz. 1-1, m.86: Tristán, de penalti. Árbitro: Pino Zamorano; del Colegio Castellano-Manchego. Mostró tarjeta amarilla a Andrade (m.11) y M. Pablo (m.36) por parte del Deportivo; y a Luis Prieto (m.21), Tiko (m.22), Solabarrieta (m.53), Orbaiz (m.65), Etxeberría (m.66), Casas (m.75) y Murillo (m.83) por parte del Athletic. Tropezón con gusto Arturo Lezcano. La Opinión A Coruña. Si el fútbol es, como está ya institucionalizado, un estado de ánimo, el Dépor es ciclotímico. 85 minutos deprimido, 5 minutos eufórico. Por enésima vez esta temporada pasó de tener un aspecto tristón a enseñar una sonrisa de oreja a oreja. Y todo por un gol a última hora. Otra vez un golpe final le da aire que respirar, otra vez un empujón cuando el tren ya se iba le da un punto, que parece justo por lo visto en el campo aunque en términos clasificatorios no sirve más que para confirmarlo como rey del empate. ¿Llega eso para algo? No, pero a base de alegrías postreras el equipo de Irureta se ilusiona y esconde la depresión. Ayer fue un penalti carnavalesco, de los que nunca se pitan y señalado con siglos de retraso el que le permite dejar una ventanita abierta a la esperanza, aunque no se sepa lo que es eso exactamente. Porque lo que no tapa el empate final es la imagen de equipo gastado, por más que intentase quitarse el traje que arrastra desde agosto. Y sobre todo porque enfrente tuvo a un rival que se gustó paseando su precioso talle por Riazor. Es el Athletic un equipo que propone, y el fútbol lo agradece. Alternativas. Transiciones. Rapidez en los ataques y ambición. El Athletic demostró que en Lezama se respiran otros aires: les gusta el balón, tocan con gusto y dispone de un amplio abanico de recursos, como los que tiene escondidos el Dépor y los saca a relucir sólo de vez en cuando. Ayer repitió tendencia. Empezó como acostumbra, presionando arriba y con unas ganas que rayan la ansiedad. Especialmente ilustrativo es el caso de Scaloni, en principio con ganas de comerse el mundo. Y con acierto en los centros, por cierto. Lo malo es que los blanquiazules llegaron sin problemas al área y una vez ahí, el yermo. Durante muchos partidos se habló de los problemas del Dépor para generar ocasiones. Ayer tuvo llegada y sin embargo le costó un horror rematar a puerta. Diego Tristán se siente responsable, tira penaltis decisivos, pero aún le queda. Sus intenciones se quedan en eso, intenciones, cuando su cabeza inventa un regate y sus piernas no llegan a donde él quisiera. De forma parecida se podría hablar de los pivotes del Dépor, empeñados en destruir, pero sin moverse de su baldosa. Y así ni se avanza ni se araña. Mucho más agresivo se mostraron los centrales, pero, como ya se sabía, los defensas no suelen ganar partidos. También es cierto que el Athletic se sabe la lección. Su fútbol discurre casi siempre por donde debe, y así construye cuando otros no harían sino dejar correr el reloj. Valverde mostró valentía desde antes del comienzo. No sólo dejó hombres importantes en Bilbao, sino que también sentó a Del Horno y también a Urzaiz. Con Llorente en el campo el Athletic gana dominio ofensivo, el que se encarga de canalizar esa maravilla llamada Fran Yeste. El Athletic hace la trampa. Llorente, mucho más de lo que parece, se escora, entra Yeste por el centro y Etxeberria espera. Tres puntas falsos, peligro continuo. Afortunadamente, las cosquillas a los laterales del Dépor no inquietaron por la seguridad de Andrade y Coloccini, un tándem que promete. Pese a todo, el Athletic las tuvo en el área, como la que Etxeberría marró solo ante Munúa. En el intercambio de golpes, el Dépor se guió por el instinto y casi da con la clave. Significativa fue una jugada que nació de Coloccini, en un centro al que no llegó Tristán y que terminó con un remate de Luque sin éxito. Fue una pena que el Dépor no se atreviera más con la presión a la defensa bilbaína, la línea más floja, de largo, del Athletic. Lo que le faltó al Dépor le sobró al Athletic en el centro del campo. Tras un balón perdido por Sergio, y sin nadie que le saliera al paso, Orbaiz largó un zurdazo a la escuadra de Munúa y volvieron los pucheros. El recurso del banquillo, ahora más limitado, volvió a surtir efecto, pues Munitis y Víctor, opositores a revulsivo, dieron aire al equipo cuando el reloj iba en contra. Mejoró el Dépor mientras el Athletic seguía a lo suyo, tocando y atacando hasta con seis hombres. Un lujo para la vista, una desgracia para el Dépor, que empezó a buscar la desesperada. Quizás demasiado pronto, porque en su empuje dejó en bandeja al Athletic el segundo gol. Afortunadamente se señaló fuera de juego. Llegó el final y el Dépor espabiló. Pudo empatar con un remate de Andrade al poste, pero sólo llegó cuando Pino Zamorano y su asistente decidieron, no sin antes pensárselo a conciencia, que un empujón sobre Víctor merecía ser penalti. Lo marcó Tristán y el Dépor se queda sin saber si debe sonreír por los cinco minutos finales o llorar por seguir en medio de la nada. |