Deportivo - Celta


Peña Ri@zor. (16-5-2004, 20'17)
RC Deportivo:
Munúa; Héctor, Andrade, Pablo Amo, Capdevila; Sergio, Duscher; Munitis, Valerón (Amavisca; m. 46), Fran (Víctor; m. 83); y Pandiani (Iván Pérez; m. 67).

Celta de Vigo:
Cavallero; Velasco, Méndez, Berizzo, Sylvinho; Borja Oubiña, Luccin, Giovanella (Gustavo López; m. 43); Edú, Mostovoi (Angel; m. 46); y Milosevic (Pinilla; m. 68).

Arbitro:
Lizondo Cortés; del Colegio Valenciano. Expulsó por roja directa a Berizzo (m. 82) y mostró tarjeta amarilla a Sylvinho (m.1 5) y Méndez (m. 41) por parte del Celta.

Goles:
1-0; m. 13, Sylvinho en propia meta. 2-0; m. 24, Pandiani. 3-0; m. 26, Munitis.


Profesionalidad ante todo

Alberto Torres / El Ideal Gallego

Si había dudas quedaron ampliamente disipadas a los pocos minutos del partido. Si alguien pensaba que el Depor regalaría los puntos al Celta para evitar su descenso se equivocaba de plano. El equipo coruñés saltó a por la victoria desde el pitido inicial y no goleó a los vigueses, simplemente, porque levantó el pie del acelerador. Si los blanquiazules llegan a jugar en la segunda parte como lo hicieron en la primera el resultado hubiera sido de auténtico escándalo, como ocurrió en el partido de ida en el que los norteños vapulearon a los del sur consiguiendo un impresionante 0-5.
Las especulaciones finalizaron pronto porque los goles no tardaron en llegar. A los doce minutos Silvynho marcó en propia puerta y en los minutos 23 y 25 aparecieron las sentencias de Pandiani y Munitis que certificaban de forma definitiva el partido.

El Celta nunca fue rival para un equipo que iba a una velocidad más por el terreno de juego de Riazor, demostrando su condición de uno de los peores de la Liga, al punto de que si hoy gana el Espanyol los olívicos serán matemáticamente equipo de Segunda División.

La rivalidad de siempre toma tintes trágicos -a nivel futbolístico- porque el Deportivo cavó un poco más la fosa del Celta esta temporada con dos victorias inapelables y ocho goles marcados a Cavallero en el cómputo total de los dos partidos.

Pero esta mañana, en la que el deportivismo ríe sus alegrías y el celtismo llora sus penas, no puede anclarse en la rabia -en este caso- de los aficionados célticos.

El Depor no descendió al Celta, si es que desciende; fueron una serie de circunstancias las que hicieron que los olívicos realizasen la nefasta temporada que están firmando, pero nunca puede un celtista decir que sus vecinos le han mandado a Segunda porque se limitaron, simplemente, a hacer su trabajo de la menor manera posible y, a decir verdad, la sensación que queda tras el derbi no deja de ser de que si los coruñeses quisiesen podrían haberlos humillado.

La temporada para el Depor acaba con una nota muy alta por cuanto se jugará la Champions una vez más, se ha llegado a las semifinales europeas y -encima- se cierran los actos en Riazor con una victoria en el derbi, partido en el que siempre gusta ganar. El choque contra el Racing de la semana que viene son como los “minutos de la basura” del baloncesto. Lo que había que hacer ya está hecho. Ahora a pensar con ilusión en el curso 2004-2005, seguramente sin derbis.

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