Deportivo - Valladolid


Peña Ri@zor. (19-4-2004, 0'7)
Deportivo de La Coruña:
Munúa; Héctor, César, Andrade, Capdevila; Sergio, Duscher; Víctor, Fran (Munitis; m.64), Luque (Djalminha; m.46); y Tristán (Pandiani; m.46).

Real Valladolid CF:
Bizarri; Torres Gómez, Pablo Paz, Caminero, Julio César, Marcos; Ricchetti; Chema (Oscar Sánchez; m.64), Oscar (Figueredo; m.78), Sales; y Losada (Javi Jiménez; m.93).

Goles: 0-1; m.44, Oscar. 1-1; m.56, Djalminha, de penalti.

Árbitro: Pino Zamorano; del Colegio castellano-manchego. Mostró tarjeta amarilla a Víctor (m.36), Capdevila (m.38), Duscher (m.77) y Munitis (m.93) por parte del Deportivo; y a Sales (m.61), a Oscar Sánchez (m.90) y al entrenador Fernando Vázquez (m.88) por parte del Valladolid.

La siesta previa a la Champions

Alberto Torres / El Ideal Gallego

Incidencias:

Partido correspondiente a la trigésima tercera jornada del Campeonato Nacional de Liga, disputado en el estadio de Riazor ante unos 20.000 espectadores. En el palco de autoridades siguieron el partido dos miembros de la secretaría técnica del Oporto, André Vilasboas y Lima Pereira. Dicen en Pucela que el Valladolid merece más en esta segunda vuelta y, por lo visto ayer en Riazor, es muy probable que así sea. El modesto conjunto castellano puso en jaque a las piezas menos utilizadas del ajedrez deportivista y a punto estuvo de llevarse los tres puntos de A Coruña. Menos mal que a Irureta se le ocurrió dar entrada a Djalminha tras el descanso, porque el brasileño fue clave para el empate.

Le hicieron un penalti al canarinho que él mismo se encargó de transformar con la habitual maestría y sangre fría que le caracteriza, obteniendo su segundo gol en el campeonato liguero.

Fue lo más destacable de un partido en el que el Valladolid tuvo menos la pelota pero creó más peligro.

Los de Vázquez cumplieron la máxima de que lo importante no es tener el dominio del balón, sino del marcador. El de Castrofeito planteó el partido para ganar aprovechando las contras y sólo le faltó no encajar para llevarse los tres puntos.

Pero Riazor no castigó al equipo con el látigo de la indiferencia o la tortura del silbido; todos están pensando en un objetivo, y éste no es otro que la Champions League.

El partido de Oporto está a tres días y los sueños deportivistas pasan por la final de Gelsenkirchen.

De todos modos, aunque todos sin excepción esperan lo mejor del Deportivo en Europa y la Liga se entrega sin problema alguno siempre y cuando se consiga el pase a la gran final, los de Irureta han perdido una oportunidad de oro en los últimos 180 minutos de fútbol doméstico que se han visto en Riazor.

Los empates ante el Betis y el Valladolid son cuatro puntos menos. No hay otra lectura matemática. Esos cuatro puntos harían que los coruñeses estuvieran muy cerca del Real Madrid.

Aunque la Liga siempre ha estado muy difícil desde los varapalos consecutivos sufridos ante Valencia y Barcelona las cosas se hubieran apretado en la cabeza, pero Riazor no está siendo el fortín liguero de otras temporadas.

La afición da por bien empleado cualquier descanso que el técnico otorgue a los jugadores más importantes del equipo deportivista, pero un sector de la misma aún cree que se podía haber hecho más, pues el Valencia no tiene galácticos y va a una velocidad sideral por el campeonato español.

Así que, bien descansaditos, no hay excusa para no hacerlo bien en Oporto. Dios mediante.

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