Atletico - Deportivo


Peña Ri@zor. (23-2-2004, 12'15)
At. Madrid: Aragoneses; Aguilera, García Calvo, Lequi, Sergi; De Los Santos, Novo, Ibagaza (Simeone m.75), Musampa (Jorge m. 67); Arizmendi y Nikolaidis (Toché m. 82)

Deportivo: Molina, Scaloni, Romero, Andrade, Capdevila; Sergio, Mauro Silva; Luque (Djalminha m. 83) , Valerón (Fran m. 61), Victor; Tristán (Pandiani m. 77)

Árbitro: Rafael Ramírez Domínguez (Colegio Andaluz). Enseñó tarjeta amarilla a Andrade (m.28), De Los Santos (m.39), Romero (m.60), Simeone (m. 85).

Tristán no está

Juan L. Cudeiro - La Opinion Coruña

Tres goles, tres, pasaron ante Tristán. Al primero y al tercero no acudió a tiempo, al segundo se presentó, pero lo despreció con un remate impropio de quien en tiempos fue pichichi. Diego, aquel goleador se fue a la caseta un cuarto de hora antes de finalizar el partido. Marchó parsimonioso, remangándose la camisola, frustrado. Madrid, aún el Calderón sin el oropel de Concha Espina, es foro y escenario que todo lo amplifica y ayer Tristán gritó que no está.

Tampoco, y pese a que acabó como dominador, hubiera sido justo que el Dépor se llevara los puntos. Durante tres cuartas partes del encuentro se entonó un canto a la nada. Todos fueron culpables de que no hubiera fútbol: el Atlético porque tuvo la pelota y no supo capitalizarla para siquiera disparar entre los tres palos huérfano como estaba de Fernando Torres; el Deportivo porque se quedó sin esférico, pero tampoco encontró la manera de molestar a la contra. Esa fue una de las principales noticias que dejó la tarde.

Lo ventajista sería colegir que sin la presencia de Fran el equipo perdió esa capacidad que encontró sobre todo contra Osasuna para marcar el ritmo del juego. Ni era el mismo marco, ni idéntico rival, pero la realidad es que también el Deportivo cambió. Sin balón no aparecieron ni Luque ni Tristán y cuando Valerón lo intentó apareció De los Santos, que se manejó siempre al límite de la expulsión, para bajarlo al piso. Allí andaba en la banda Irureta en el intento de arreglar el desaguisado con gestos, pedía el abc, que los centrales buscaran a Mauro para que éste abriera a las bandas, pero sus jugadores se empeñaron en escribir el partido con renglones torcidos, en recurrir al pelotazo, a enredarse en naderías, en sucumbir, en fin, ante la primera línea de presión del rival.

Y en medio de tan poca chicha y sin ninguna pincelada de fútbol triunfó la anécdota, la petición inmisericorde desde la grada de penalti (Pandiani se aplicó a ello en vano tras recibir un empujón en el área en el tiempo añadido) a cada encontronazo en el área; ganó el frío, que se adueñó del Calderón y todo lo envolvió. Como el diagnóstico de lo que sucedía era evidente, Irureta enchufó el microondas y llamó a Fran. Alguno espabiló cuando empezó el movimiento en el banquillo. Llegó por fin la primera conexión entre Valerón y Luque en una acción que repitió el segundo gol contra Osasuna: apertura a la banda, centro al segundo palo y Tristán que no llega. No estaba Víctor tras él para rematar.

Fran entró por Valerón, se mantuvo el dibujo, pero algo cambió porque el partido siguió desnortado, pero pasó a ser de ida y vuelta. Como agotado de topar con su propia incapacidad, el Atlético bajó los brazos y el Deportivo intuyó que era el momento de intentarlo. Lo hizo a partir de Víctor, que fue de los pocos que quiso alejarse de la atonía. Así, de manera inopinada consiguió en una de sus porfías abrir un tajo entre Lequi y Sergi para regalarle el gol a Tristán. Éste falló de manera inexplicable, remató mal desde el área chica y ante una meta desguarnecida. Por injusto que sea comparar los errores de Diego, su reiterada obstinación en llegar un segundo tarde a los centros que le pone Luque en la boca de gol evoca que el año pasado este tipo de partidos eran los que Makaay le resolvía al Deportivo con una sola llegada.

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