Monaco - Deportivo


Peña Ri@zor. (9-11-2003, 17'27)
Mónaco: Roma; Givet, Squillaci, Rodriguez, Evra (Ibarra, m.83); Plasil (Zikos, m.66), Cissé, Bernardi, Rothen; Giuly, Prso (Adebayor, m.75)

Deportivo: Molina (Munúa, m.46); Manuel Pablo (Munitis, m.46), Andrade, Naybet, Romero; Sergio (Pandiani, m.60), Mauro Silva; Scaloni, Valerón, Amavisca; Tristán

Goles: 1-0, m.2: Rothen; 2-0, m.10: Giuly; 3-0, m.25: Prso; 4-0, m.29: Prso; 4-1, m.39: Tristán; 4-2, m.44: Scaloni; 5-2, m.46: Prso; 6-2, m.46: Plasil; 7-2, m.48: Prso; 7-3, m.52: Tristán; 8-3, m.70: Cissé

Arbitro: Terje Hauge (NOR), mostró tarjeta amarilla a Scaloni, Tristán, Pandiani, Amavisca, Zikos y Evra

Humillación histórica

Alberto Torres / El Ideal Gallego

Si difícil para un jugador del Deportivo es el explicar lo sucedido ayer, más lo es para un periodista que -en diez años siguiendo al Deportivo y viendo todos sus partidos- nunca contempló semejante humillación. Sólo tiene un cierto grado de comparación el famoso 2-6 contra el Compostela cosechado en Riazor a finales de la temporada 97-98. La retina no localiza imágenes parecidas -ni por asomo- a las de Mónaco.
No se trata de machacar a los jugadores a base de calificativos hirientes que pesen sobre el papel, pero si como equipo son alabados cuando lo hacen bien, como equipo deben de ser criticados con toda la dureza por el bochornoso y horrible espectáculo de ayer. Desde el primero al último, pues todos tienen su enorme parte de culpabiliad en el descalabro europeo.

Lamentablemente todavía hay algún “iluminado” en esta plantilla que considera que sólo con el nombre va a ganar un partido. Pues toma lección.

Ocho goles encajados, ¿qué se puede decir ante tal evidencia de despropósitos sin caer en el más profundo pesimismo?

Lo ocurrido ayer, que además dará la vuelta al mundo, simplemente es un repaso en toda regla de un equipo “normal” como el Mónaco que borra del mapa, merced también a su acierto, a un Deportivo que sólo encadenó fallos y más fallos en el partido. Quizá lo más acertado sería decir que todo el equipo, todo el encuentro, fue un enorme error.

No vale lo de la mala suerte, el mal día, el gafe, el balón distinto o que la camiseta era naranja y no da la misma suerte que la blanquiazul (por cierto, menudo estreno para la tercera equipación).

Lo de ayer fue simplemente un esperpento, un ridículo, una humillación y uno de los días más tristes en toda la historia del deportivismo.

Si los que perdieron se olvidarán rápido de la derrota por la premura que imprime la competición ganando a la Real Sociedad, han de saber que a la afición no le será tan fácil, porque fue ninguneado el nombre del Real Club Deportivo de La Coruña.

Así que, ya se sabe, hay mucho purgatorio que pasar para llegar a un cielo de confianza. Es lo mínimo tras el lamentable espectáculo ofrecido por los jugadores.

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