Deportivo - Oporto |
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Peña Ri@zor. (5-5-2004, 20'52)
Deportivo: Molina; Manuel Pablo, César, Naybet, Romero; Sergio (Tristán m.67), Duscher; Víctor (Scaloni m.55), Valerón, Luque (Fran m.72); y Pandiani. Oporto: Baía; Ferreira; Costa, Carvalho, Nuno Valente; Costinha; Mendes (Bosingwa m.87), Deco, Maniche; Carlos Alberto (Pedro Emanuel m.68) y Derlei (McCarthy m.92). Goles: 0-1 m.60 Derlei, de penalti. Árbitro: Pierluigi Collina (ITA). Expulsó por doble amonestación al deportivista Nourredine Naybet (m.70). Asimismo, amonestó a Carlos Alberto (m.33) y a Mendes (m.80), del Oporto; y a Diego Tristán (m.90), por parte local. ¿Estábamos preparados? Alberto Torres / El Ideal Gallego Es duro, pero es lo que hay. Se van a cumplir diez años de la famosa Liga que el equipo dejó de ganar en el 94. Fue uno de los golpes más desgarradores en la historia del deportivismo. Y una década después llega otra bofetada de las que te dejan la mejilla colorada mucho tiempo. Se había acostumbrado A Coruña a las mieles de las dos Copas del Rey, la Liga y las tres Supercopas y, ya se sabe, después de un período de bonanza a veces llegan mal dadas; como en la vida misma. Ver la ciudad engalanada días antes era sinónimo de alegría. A la ilusión no se le pueden poner puertas y que nadie diga que se hizo mal o que se vendió la piel del oso antes de cazarlo. El deportivismo, simplemente, respondió a la llamada de su equipo como mandan los cánones, dándole todo lo que lleva dentro del corazón. Que nadie venga ahora a decir que la afición metió presión al equipo. Que nadie, ni tan si quiera, piense que el vestir A Coruña con los colores de la entidad es tirar las campanas al vuelo; no. Eso es dar todo lo que puedes dar, hasta la última gota de aliento, para que el plantel se sienta arropado. ¿Qué falló? Está bastante claro. Falló el equipo, y no hay que buscar más explicaciones. Cada club tiene su esencia y la del Deportivo está escrita en las hemerotecas. No hay que ir mucho más atrás. ¿Recuerdan la famosa promoción contra el Tenerife? Salvando las enormes distancias y permitiéndose la comparación más o menos ocurrió lo mismo que entonces. 0-0 fuera, 0-1 en casa. Todo estaba a favor. Todo en contra al final del partido. El Oporto fue merecedor de estar en la final porque planteó la eliminatoria para llegar a Gelsenkirchen. Estudió al Depor, observó cómo se desenvolvía el rival y lo tuvo claro: No encajar en el Estadio del Dragón, porque a Riazor ya sabían cómo tenían que llegar y lo que debían hacer. Pero quizá el propio equipo de Mourinho se sorprendió al ver cómo el cuadro coruñés se venía abajo desde los primeros minutos. El bloque portugués supo frenar a la calidad gallega y, con los que saben jugarla maniatados, se impuso el concepto de equipo físico, férreo, rocoso... En la partida Valerón-Deco ganó sin paliativos el brasileño. Uno por uno los lusos interpretaron mejor el partido que los blanquiazules. La presión pudo con los futbolistas y los de Mourinho hicieron el resto al transformar un penalti de César sobre Deco (de esos que nunca se pueden hacer en una semifinal de la Champions). Lágrimas, sollozos de niños y niñas que parten el alma, desesperación... Un día muy triste para el deportivismo. ¿Estábamos preparados? ¿Lo estaba el equipo? El lector responderá. Pero tampoco hay que caer en la desesperación absoluta. Cuando todo acabó muchos decían: “Nunca tendremos otra oportunidad como ésta”. Fue lo mismo que se dijo en el instante en el que Djukic falló el penalti. Y la oportunidad volvió, y se ganó; y nada menos que seis títulos en diez años. El futuro está ahí delante y hay que seguir trabajando para hacer un club grande. Y si alguna vez se vuelve a tener esta oportunidad, no lo duden, estaremos preparados. Mientras tanto, por lo conseguido, que no es poco, felicitémonos, ¡que narices! Para perder una semifinal hay que jugarla. |