Oporto - Deportivo |
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Peña Ri@zor. (22-4-2004, 22'40)
Oporto: Vitor Baía; Paulo Ferreira, Jorge Costa, Ricardo Carvalho, Nuno Valente; Costinha (Pedro Mendes, m.46); Maniche, Aletnichev (Jankauskas, m.46), Deco; Carlos Alberto y McCarthy (Marco Ferreira, m.70). Deportivo: Molina; Manuel Pablo, Naybet, Andrade, Romero; Sergio (Duscher, m.79), Mauro Silva; Víctor (César, m.89), Valerón, Luque (Fran, m.45); y Pandiani. Árbitro: Markus Merk (ALE). Expulsó con tarjeta roja directa a Andrade (m.86) por dar una patada a Deco después de hacerle una falta, cuando el juego ya estaba detenido. Mostró tarjeta amarilla a Carlos Alberto (m.22), Ricardo Carvalho (m.29), Mauro Silva (m.29) y Paulo Ferreira (m.92). Primer paso hacia la final Alberto Torres / El Ideal Gallego Que Riazor sea benévolo y muestre al público que llenará el estadio dentro de dos semanas al mejor Deportivo, al de las grandes gestas, al que borró del mapa al Milan. Tras el resultado de ayer, que es bueno por no haber perdido, queda la sensación de que el equipo coruñés pudo haber hecho más, al igual que su rival, que también se pudo haber llevado el partido merced a dos ocasiones claras para marcar y a un penalti que Markus Merk, colegiado del partido, no señaló en clara compensación por haber expulsado de manera injusta a Andrade. Capítulo aparte merece el trencilla de la contienda. La negra historia del equipo coruñés con este colegiado continúa. Nunca ha ganado con Merk el conjunto gallego en los cuatro partidos que ha jugador bajo su dirección. Permitió un juego brusco del Oporto que rozó en algunos momentos la violencia. Echó del campo a Andrade por “saludar” con la pierna a su amigo Deco y no siguió las jugadas como debe hacerlo un colegiado de Champions, pues muchas acciones tuvieron lugar tras las espaldas del alemán. De todos modos no es excusa para el mal juego del Deportivo, que se pareció más al equipo simplón de un mal partido de Liga que al que asombró a Europa eliminando al vigente campeón de la Champions. La defensa estuvo correcta hasta los momentos finales, en los que tuvo fallos que pudieron costar demasiado caros. En el medio del campo sólo Sergio aportó ideas (y fue sustituido con el consiguiente enfado del futbolista), mientras que Pandiani telegrafió demasiado sus intenciones a la experimentada defensa lusa. Faltó ambición para llevarse algo más que un empate sin goles de Oporto y sobró nerviosismo por parte de los dos conjuntos. La igualada hace que la eliminatoria esté tan empatada como al principio. Sobre todo porque los dos equipos se respetan muchísimo, como ayer quedó demostrado. Además el empate obliga al Deportivo a ganar. No le vale otro resultado para pasar la eliminatoria (el 0-0 la aboca a la prórroga o a los lanzamientos desde el punto de penalti si no se consigue golear antes). El Oporto llegará a A Coruña sin nada que perder, así que intentará marcar desde el principio para agotar sus posibilidades. Se abren otros 90 minutos inciertos en los que el club herculino tiene que dejarse la piel. La final está más cerca, por cuanto la igualdad persiste y el equipo ya ha pasado la primera parte de la prueba. Todo se dará por bien empleado si en Riazor se consigue la victoria frente al equipo portugués. Mientras tanto vuelve la euforia a A Coruña porque el objetivo de ser campeones de Europa se acerca poco a poco, pero que nadie se fíe; queda un mundo. De todos modos, ocurra lo que ocurra, el haber llegado hasta aquí ya es importante y es para sentirse orgulloso del equipo, de la afición y de la ciudad. Al Deportivo no se le exige más que un rendimiento acorde con su plantilla, que ayer no dio -obviamente- por lo visto en el campo. Pero jugar una semifinal no es fácil; las camisetas pesan más. Lo fundamental es que lo de ayer haya sido el primer paso hacia Gelsenkirchen. |