Rayo - Deportivo


Peña Ri@zor. (27-10-2002, 17'47)
Rayo Vallecano: Etxeberria; Mario, Corino, Mainz, Graff; Peragón (Marqués, m.63), Azkoitia (Bolic, m.52), Quevedo, Onopko, Tal (Michel, m.63) y Bolo

Deportivo de la Coruña: Juanmi; Scaloni, César, Naybet, Romero; Mauro Silva, Sergio (Duscher, m.88); Víctor, Fran (Acuña, m.73), Capdevilla y Makaay (Luque, m.79).

Goles: 0-1, m.24: Makaay. 0-2, m.49: Makaay. 1-2, m.92: Corino.

Arbitro: Moreno Delgado (Comité Catalán). Mostró tarjeta amarilla a Mario, Corino, Bolic por el Rayo Vallecano.

Makaay fue la vacuna

Alberto Torres • EL IDEAL GALLEGO

Acudía el Deportivo a Vallecas como quien se acerca a la zona de urgencias de un hospital. Irureta buscaba un antídoto, vacuna o medicamento deportivo para salir de la UCI balompédica. Y lo encontró en los dos goles de Makaay.
El holandés -el Depor, en definitiva- consiguió tres puntos que cierran la herida abierta por los cuchillos envenenados de Racing de Santander, Villarreal y Lens, poniendo fin a la lista de derrotas que convertían al club coruñés en un enfermo de pronóstico incierto.

En principio, los deportivistas salen de la lista de espera y superan la primera cura con éxito, aunque la competición prescribe, para total sanación del paciente, una victoria contra el Bayern que garantice el pase a la siguiente ronda de la Champions League y otro triunfo frente al Real Madrid que ubique a los coruñeses entre los cuatro primeros de la tabla, con lo que se conseguiría un restablecimiento absoluto del convaleciente, de cara a luchar por mayores empresas que por salir del bache (algo que viene haciendo hasta la fecha). La continuidad es fundamental para los blanquiazules, y encadenar dos victorias seguidas será la mejor medicina para el Deportivo.

El equipo fue ayer mucho más concreto en sus acciones, tuvo más el control del esférico y -en consecuencia- del partido. Todo ello unido a la calidad de Fran para habilitar la primera asistencia a Roy Makaay, y la solvencia del delantero a la hora de materializar, junto con la concentración del equipo hasta el final y, sobre todo, gracias a la ambición y a no defender un gol sin buscar el ataque (como otras tardes), hicieron posible la esperada victoria.

En cualquier caso, el equipo pasó por la primera de las curas necesarias, y quedan otras visitas a la enfermería. Las dudas sembradas por la escuadra de Irureta no se despejan con una sola victoria ante un equipo que tiró una vez entre los tres palos y que, curiosamente, marcó su gol en esa acción.

El tópico de “ni tan buenos, ni tan malos” es perfecto en este momento. Para que el deportivismo crea en su equipo hay que seguir ganando. Llegan el Bayern y el Madrid a Riazor. Serán el termómetro de la futura salud deportiva del equipo.

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