Deportivo - Olympiakos


Carlos Ferreiro. (20-9-2001, 6'16)
LIGA DE CAMPEONES 01-02 1ª FASE - GRUPO G JORNADA 2
ESTADIO DE RIAZOR 18-9-01
DEPORTIVO 2 – OLIMPIAKOS 2

Ficha Técnica
Deportivo: Molina (1); Manuel Pablo (1), Donato (1), Naybet (1), Romero (1); Víctor (2) (Scaloni (1), m.37), Sergio (1) (Valerón (2), m.84), Mauro Silva (1), Fran (2); Pandiani (2) y Diego Tristán (1) (Makaay (0), m.70).
Olympiakos: Eleftheropoulos; Mavrogenidis (Patsatzoglou, m.76), Bermúdez, Anatolakis, Venetidis; Giannakopoulos, Karembeu, Zé Elías, Djordjevic; Zetteberg (Oforiquaye, m.60) y Giovanni (Amanatidis, m.84).
Goles: 1-0; m.22, Fran.
1-1, m.80, Giannakopoulos.
1-2, m.83, Oforiquaye.
2-2, m.93, Valerón.
El Mejor: Fran
Arbitro: Jan Wegereef, holandés. Mostró tarjeta amarilla a Giannakopoulos, Zé Elías, Mavrogenidis y Romero
Incidencias: 30.000 espectadores.

PINCHAZO
El Deportivo volvió a pecar de soberbia como en el último partido ante el Athletic. Es incomprensible ver como se puede ir de las manos un partido en el que has dominado por completo, te has adelantado en el marcador y has podido sentenciar en varias ocasiones claras. Quizá esa superioridad se haya transformado en conformismo, arrogancia y altanería que acabó costando caro a los coruñeses. Durante los primeros minutos se acusó un poco de nerviosismo por el debut en la Champions de este año. Poco a poco se fueron soltando las piernas y aparecieron las jugadas de peligro. El dominio parecía claro por parte del Depor aunque en medio campo volvía a notarse cierta carencia. El trabajo de Pandiani y Tristán arriba y de Víctor y Fran por las bandas resultaba eficaz y mantenía a los visitantes muy ocupados en su terreno. Los griegos se esforzaban lo indecible para frenar “por lo legal o por lo criminal” a los hombres de arriba del Depor. No es que se contemplara un juego brillante pero se olía el gol. A los veintidós minutos por fin llegó el primer tanto obra de Fran. El publico se imaginaba a partir de entonces un coladero a su favor. Pero las cosas se torcieron. Primero fue la lesión de Víctor a causa de una durísima entrada de Ze Elías que debió suponer su expulsión. El árbitro se arrugó, enseñó sólo la amarilla y permitió que el infractor se saliera con la suya al impedir que Víctor pudiera continuar en el campo. Scaloni salió a suplirle con lo que el esquema permanecía intacto. Quizá debido al temor causado por las duras entradas o al convencimiento de una fácil victoria, el Depor fue aflojando el pistón y permitiendo que los griegos se adueñaran poco a poco de la parcela central donde Karembeau se empezaba a hacer notar. En el descanso la grada no estaba tranquila. Se ganaba sí, pero no por la renta esperada. En la reanudación todos confiábamos en una nueva salida en tromba para sentenciar cuanto antes, pronto comprobamos nuestra equivocación. El medio campo era todo color rojo de las camisetas helenas. Mauro y Sergio estaban perdidos. Los puntas a una enorme distancia de ellos no hilvanaban jugadas de peligro. Fran acabó su combustible muy pronto y desapareció. Scaloni era un torbellino desenfrenado peleando muchísimo pero sin conexión con sus compañeros. Tristán se perdía en individualismos y Pandiani “quijoteaba” contra molinos de viento por aquí y por allá. El panorama se volvió tan gris como las camisetas que estrenaba el equipo. La granda comenzó a impacientarse y exigía cambios, bien en la actitud de los jugadores, bien en la táctica del mister, bien en la entrada de algún jugador de refresco para medio campo... pero no se produjo ninguna variación y todo parecía ir cuesta arriba. Quien si vio posibilidad de cambiar las cosas fue el entrenador rival dando entrada a un trascendental Oforiquaye. Irureta optó por sentar a Tristán para introducir a Makaay. El holandés está más “errante” que nunca. No entra en juego ni parece motivado. Las cosas no parecían arreglarse sino más bien todo lo contrario y en esto llegó el mazazo que no dejó de ser doloroso por más que se viera venir. Gol del empate. Los griegos perdieron el miedo, se envalentonaron y comenzaron a dar un repaso a los amilanadas figuras blanquiazules. En tres minutos los atenienses le dieron la vuelta al marcador y se pusieron por delante. Era inexplicable. El público buscaba culpables y no sabía si animar esperando una hombrada como la del P. S. G. O empezar a “quemar” a algunos. En ocasiones le tocó a Naybet, Scaloni o al propio Irureta y todos ellos se volvieron hacia el graderío reprochándoles esa actitud. Ninguno de ellos reconoció culpa en el resultado sino todo lo contrario. Irureta se tiraba de los pelos y criticaba los fallos de sus jugadores. Tras el segundo gol visitante sacó a Valerón por Sergio y puede dar gracias porque el canario consiguió maquillar “in extremis” el resultado al empatar en tiempo de descuento.
Mal comenzaron las cosas en Europa. No es definitivo ni mucho menos pero obliga a un sobreesfuerzo, tanto ante el Manchester como en la visita a Grecia y por supuesto ni un tropiezo más en casa. Las arcas del club lo necesitan y mucho más la parroquia que en esta campaña espera superar lo conseguido en la anterior, en la que nos quedamos con la miel en los labios tras el tropiezo ante el Leeds. Precisamente ante el rival más flojo de los que nos podían haber tocado. Cuando perdemos nuestra humildad perdemos también nuestro Norte y nuestra personalidad. Ser grande no es ser orgulloso y petulante sino ser consciente de la responsabilidad asumida y del enorme esfuerzo necesario para mantenerse en lo más alto. Las curas de humildad deben ser asumidas de inmediato antes de que se tornen en escarnio y frustración. El mejor Deportivo de todos los tiempos debe estar a la altura de lo que de él esperan sus aficionados. Debe pelear con los mejores por conseguir los títulos en todas las competiciones que disputa y todos ansiamos una nueva celebración en nuestro “santuario” de Cuatro Caminos. FORZA DEPOR.
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