Valladolid - Deportivo |
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Peña Ri@zor. (17-1-2002, 0'50)
VALLADOLID: Bizarri; Torres Gómez, Peña, Caminero, Mario (Richetti, 70'), Marcos; Jesús (Pachón, 105'), Fernando, Sales, Luis García (Eusebio, 98'); y Tote. DEPORTIVO: Molina (p.s.); Héctor, César, Donato, Romero; Duscher, Mauro Silva (Sergio, 60'); Scaloni, Valerón (Pandiani, 46'), Fran (Capdevila, 55'); y Diego Tristán. GOLES: 1-0, Fernando (4'); 2-0, Mario (35'); 2-1, Tristán, de pti. (110'). ÁRBITRO: Fernández Marín. Mostró tarjeta amarilla a Marcos, Caminero, Jesús, Fernando, Duscher, César, Sergio y Scaloni. Expulsó a Romero por doble amonestación en el minuto 99 y a Pandiani en el 118. Un penalti resucita al Deportivo Xabier Rodríguez • EL IDEAL GALLEGO El Depor es un cadáver futbolístico. Clínicamente muerto. Sin pulso, con el corazón más parado que la bolsa de Buenos Aires. El cerebro detenido en la peseta. El boca a boca, tras lo de Leverkusen y lo del Bernabéu, no surtió efecto. Después de lo del domingo, se optó por apalear el cuerpo inerte. Ni así hubo reacción. Ya sólo falta que venga el juez. A levantar acta, claro. Entre la retahíla tradicional de excusas (campo pesado, mala suerte, goles en momentos psicológicos, el fútbol es así), una puede empezar a ser tenida en cuenta: el potencial del equipo está sobredimensionado. Tras el doble ridículo en Zorrilla, hay que darle veracidad a esa afirmación. El Depor fuera de casa utiliza la táctica talibán. El área se ha convertido en una vulnerable cueva de la que nadie quiere salir. A escuchar las bombas, mientras, se espera una muerte segura. “A velas vir”, que decimos por aquí. Las baterías antiaéreas no cazan ni a un mirlo. Donato y César, las estatuas de Sodoma y Gomorra. Los flancos son un pasadizo para las tropas enemigas. Romero va a diez por hora. Héctor es más rápido, pero como él hay miles en toda Europa. El mediocampo y la delantera no atacan, se atrincheran. Mauro y Fran duermen y hacen dormir. A Scaloni no se le puede pedir más. Valerón y Tristán, la conexión que se cortó como la de un móvil sin cobertura. Sólo Duscher mejora un poco el desolador panorama, pero sin salir de la mediocridad. Aunque sea demasiado duro, este es el Depor de ahora. De ahora, digo, no el de hace un mes ni, esperemos, el de dentro de un mes. Esa es la suerte del fútbol y de los gatos. Aunque el juego esté podrido, la resurrección puede venir en cualquier momento. El equipo campeón de Old Trafford tiene los mismos mimbres que el patético de Zorrilla. Mientras haya cenizas, hay vida. Que se lo digan a Caminero, reconvertido por obra y gracia de la inocencia deportivista en el Beckenbauer de Pucela y serio candidato a ser el mejor jugador del Mundial de Japón. O que se lo digan al Depor, que con una imagen mucho más pobre que la de hace trece años, logró meterse en semifinales, gracias a un penalti y a la ya célebre injusticia del fútbol. |