Deportivo - Valladolid |
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Peña Ri@zor. (12-1-2002, 19'40)
DEPORTIVO: Molina; Héctor (José Manuel, 46'), Djorovic, Donato, Capdevila; Sergio (Duscher, 46'), Mauro Silva; Makaay (Pandiani, 77'), Djalminha, Fran; Tristán. VALLADOLID: Bizarri; Gaspar, Peña, Caminero, Santamaría, Marcos; Chema, Harold Lozano (Jesús, 75'), Fernando (Eusebio, 81'); Tote y Blanco (Fernando Sales, 65'). ÁRBITRO: Mejuto González (Asturiano). Enseñó cartulina amarilla a Harold Lozano, Djorovic y Tote. GOLES: 1-0, Capdevila (47'); 2-0, Makaay (63'). La Copa despierta al Depor Alberto Torres • EL IDEAL GALLEGO El huerto deportivista había sido sembrado de dudas por el mal trago liguero del Bernabéu. Pero la Copa tiene otro sabor. Aún así la incertidumbre, las incógnitas, los pensamientos aciagos y los funestos oráculos derrotistas compartieron butaca en Riazor con el respetable hasta el descanso del partido. El Deportivo jugó el partido a doble vuelta. La primera corresponde, precisamente, al primer período. El segundo acto, como en la propia Copa, fue el que sirvió para que la esperanza de disputar las semifinales se asiente sobre sólida base. Tras un primer tiempo con dudas, un Valladolid muy bien asentado sobre el verde de Riazor y demasiada inoperancia en el medio del campo para superar las férreas líneas castellanas había que maniobrar. El antídoto para el veneno blanquivioleta estaba en el banquillo. Sergio y Héctor, que no estaban jugando nada mal, dejaron su puesto a Duscher y José Manuel. El equipo cambió como de la noche al día con la entrada del austro-argentino. Duscher le dio movilidad que necesitaba al centro del campo blanquiazul y el encuentro cambió diametralmente. El Deportivo jugó mejor fútbol y marcó sus goles. Incluso pudo obtener más, y hubiera sido justo que así fuera, ya que Makaay transformó el posible 3-0 pero fue anulado por un fuera de juego que sólo existió en la mente del asistente de Mejuto González. Partido redondo, por la segunda parte y resultado redondo por los dos goles. Bálsamo Tras la derrota del Santiago Bernabéu, que dolió más por la pésima imagen deportivista, el bajo y ramplón rendimiento y la crítica actitud de los jugadores se necesitaba un bálsamo. El deportivismo pedía árnica. Puede que la Copa sea una bendición. Jugar tan rápido un partido tras un fiasco importante hace que se olviden los dolores. Además, otra competición, con la idea de que el título es accesible y está al alcance de sólo 360 minutos de fútbol, conlleva el renovar las ilusiones. En cualquier caso no debe nublar la vista del deportivismo la ciega nube de la victoria momentánea. Es muy importante que el equipo no tenga tantos altibajos en un partido. Ayer, en la primera parte, el Deportivo era una oruga futbolística. Lenta, parsimoniosa, parada. El descanso, con los cambios, fueron la crisálida blanca y azul para que en el segundo período el infame gusano saliera del capullo convertido en una vanessa del balón. Fútbol grácil, estilizado, acompasados movimientos... En definitiva. Todo muy bien en cuanto al resultado, en cuanto a Riazor -que volvió a silbar de impaciencia- pero los mismos problemas de actitud de algunos que no se dan que la actitud sí importa en el fútbol. Nada nuevo bajo el sol. |